«Todos tenemos siempre algo que contar»
Compartiré con vosotros mis relatos, cuentos e historias de ficción, que cobran vida gracias al fuego invisible que me inspira.»

Diana y el triskel.
Diana subió al búho No.13 en Atocha, acto seguido la ciudad se quedó sin luz. Se sentó sin quitarse los cascos, mientras pensaba en esos misteriosos ojos verdes que solía ver frecuentemente en sueños. A ella siempre le persigue lo extraño.
En esa oscuridad el autobús no avanzaba. Diana miró a su alrededor, a su lado había un triskel de espirales entrelazados que emitía una luz hipnotizante, no parecía de este tiempo ni de este mundo…
Lo cogió lentamente, poniéndolo en su mano, el artefacto se activó, emitió una luz intensa, y una voz le susurró al oído:
—“Diana, tú perteneces a los antiguos celtíberos de Madrid, has saltado de vida en vida esperando el reencuentro con esos ojos verdes, no ha sido ni casualidad, ni un simple sueño ya lo verás…”
Temerosa soltó el triskel y se apagó. La luz de la ciudad volvió.
Al final del autobús, un hombre y Diana se miraban fijamente tomados de la mano.
Pero ya no era 2025. Era 1974.

Diana y el triskel
Diana subió al búho No.13 en Atocha. Acto seguido, la ciudad se quedó sin luz. Se sentó sin quitarse los cascos, mientras pensaba en esos misteriosos ojos verdes que solía ver en sueños. A ella siempre la persigue lo extraño.
En la oscuridad, el autobús no avanzaba. Diana miró a su alrededor. A su lado había un triskel de espirales entrelazados que emitía una luz hipnotizante. No parecía de este tiempo ni de este mundo…
Lo cogió lentamente. Al ponerlo en su mano, el artefacto se activó. Emitió una luz intensa que lo cubrió todo, y una voz le susurró al oído:
—“Diana, perteneces a los antiguos celtíberos de Madrid. Has saltado de vida en vida buscando esos ojos verdes. No ha sido casualidad. No fue un sueño. Ya lo verás…”
Temerosa, soltó el triskel. Se apagó. La luz de la ciudad volvió.
Al fondo del autobús, un hombre y Diana se miraban fijamente, tomados de la mano.
Pero ya no era 2025. Era 1974.
Damián y Manuscrito.
Corría el año 1974, eran las 3:15 am, Damián subía por primera vez al autobús. Llevaba su libro de Julio Verne, envuelto en la lectura, ignoró su alrededor y sin darse cuenta se quedó dormido.
De repente el autobús chocó contra una farola. Damián despertó. Se golpeó ligeramente la cabeza y su libro cayó al suelo, de sus páginas salió un manuscrito que llevaba dibujado un triskel y una pregunta intrigante: ¿Has viajado en el tiempo?
Damián se puso de pie, recogió su libro, volvió a leer el mensaje y se asomó a la ventana. Perplejo observó que todo en el exterior era diferente, los edificios, los anuncios, todo. Ni un alma había en la calle, tampoco en el autobús. El silencio era inquietante.
Él giró la cabeza y estaba ella, la mujer pelirroja. La misma que veía en sueños. Ella tenía un triskel en mano idéntico al manuscrito que él tenía.
Quiso acercarse, pero una luz azul cegó sus ojos verdes. Cuando pudo ver de nuevo, la luz y la mujer desaparecieron. En su lugar había un periódico en el suelo.
La fecha del diario lo dejó petrificado: 21 de mayo de 2025.